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El Análisis de Ciclo de Vida como herramienta para un diseño más sostenible




Entender cómo impactan los materiales, procesos y productos es el primer paso para lograr una mejora ambiental y un avance decidido hacia la sostenibilidad de las empresas.

¿Qué envase emite menos CO₂? ¿Botella de cristal, una lata de aluminio o un tetrabrik? ¿Qué material tiene menos impacto para una silla, la madera o el aluminio? ¿Alfombra de lana o de yute? Estas y otras infinitas cuestiones sobre el impacto ambiental de los productos son respondidas mediante el Análisis de Ciclo de Vida, también conocido por su acrónimo ACV.


El Análisis de Ciclo de Vida es la herramienta más eficaz para medir los impactos ambientales de los productos y servicios y que cuenta con un mayor apoyo de la comunidad científica por la robustez de sus datos, su fiabilidad y objetividad. Es empleada para el cálculo de las emisiones de CO₂, pero también de otros tipos de impactos como pueden ser la toxicidad, las afectaciones a la salud, la intensidad energética, la huella hídrica, etc. Para realizar la evaluación de los impactos ambientales se contabilizan todos los materiales utilizados, la energía y la generación de residuos durante cada fase del ciclo de vida: extracción de materias primas, fabricación, transporte, embalaje, uso y fin de vida. Así, es posible tener una imagen detallada de qué pasa en cada momento con objetividad y rigor, pues para caminar con paso firme hacia la sostenibilidad, la toma de decisiones industriales debe estar basada en resultados objetivos y científicos que eviten acciones equivocadas.


Por ciclo de vida entendemos todo lo que hace falta para que disfrutemos de un objeto y lo que ocurre cuando ya no lo necesitamos y nos deshacemos de él. La idea consiste en crear una descripción precisa de todas las etapas que suceden, desde que nace hasta que muere (extracción de materiales, procesamiento, transportes, embalajes, consumo durante el uso y disposición final).



La clave para realizar un ACV es la concepción sistémica del producto. Es decir, clasificar cada etapa relacionada con el sistema de la cuna a la tumba.





Materiales

Imagen 1. Materiales a) Recursos minerales: limitados y no renovables. b) Recursos biológicos potencialmente renovables. c) Intensidad energética. d) Toxicidad.


Se incluyen los impactos producidos durante la extracción de las materias primas y su transformación en materiales industriales o piezas estándar.





Fabricación

Imagen 2. Fabricación a) Energía. b) Residuos. c) Vertidos.


Procesos de fabricación que tienen lugar a lo largo de toda la cadena de producción y montaje, quedando excluidas las infraestructuras y la maquinaria.






Transporte

Imagen 3. Transporte a) Tren. b) Avión. c) Camión. d) Barco.


Se consideran los transportes desde los proveedores hasta las planta de producción y de ahí hasta la planta de almacenaje. Queda excluido el transporte hasta el usuario final.






Embalaje

Imagen 4. Embalaje a) Embalaje secundario / industrial. b) Embalaje primario / envase final


En esta fase se contabiliza el packaging final del producto y los embales secundarios necesarios para el transporte y almacenaje de las materias primas.






Uso

Imagen 5. Uso a) Pasivo. b) Consumo energético. c) Ciclo corto. d) Consumo de fungibles.


Durante la etapa de uso pueden necesitarse tanto componentes fungibles, como energía, lo cual suele suponer la mayor carga de impacto.





Fin de vida

Imagen 6. Fin de vida. Planta de clasificación de residuos.


Esta fase tiene en cuenta los tratamientos finalistas cuando el producto se convierte en residuo. Pueden ser tanto el reciclaje, como la valorización energética, o en el peor de los casos el vertedero.




Metodológicamente, consiste en un balance entre las entradas de materia, energía y agua, y las salidas de emisiones y residuos que se producen en el proceso de creación, producción y utilización de cualquier objeto y su repercusión sobre el medio ambiente. El conjunto de la información se interpreta en categorías de impacto.



Metodología de trabajo según ACV. En primer lugar, se contabilizan el conjunto de entradas de materiales y energías según las diferentes etapas del ciclo de vida junto con las salidas de emisiones, vertidos y residuos. Una vez inventariadas las entradas y salidas, se modelizan los impactos ambientales según las diferentes categorías de impacto, como puede ser calentamiento global, toxicidad o consumo de recursos.




No basta con decir ecológico, hay que demostrarlo, y el ACV es la mejor herramienta.


El ACV en el proceso de diseño


La utilización del ACV es una práctica cada vez más normalizada tanto en grandes multinacionales como en pequeñas empresas o incluso ciudades y territorios. En nuestro país, también cada vez más empresas están incorporando la evaluación ambiental en sus procesos internos para la toma de decisiones. Desde OiKo hemos tenido el placer de acompañar en la realización, evaluación de la huella ambiental mediante ACV a empresas como Marset líder en diseño de iluminación, Dentaid como empresa más grande del sector de la higiene bucodental o Lékué la marca especializada en producto de silicona para cocina, por citar algunos ejemplos.



Conjunto de luminarias de la empresa de diseño de iluminación Marset.



Durante la fase de diseño de los productos, el ACV permite conocer donde se encuentran los principales focos de impactos ambientales para poder actuar de manera directa sobre ellos y lograr una mejora de la sostenibilidad del producto con la mínima inversión de tiempo, esfuerzo y coste económico. De esta manera, lograr productos más sostenibles no tiene por qué ser más caro, sino todo lo contrario y los años y las experiencias lo han demostrado. Si el ecodiseño de los productos está basado en el análisis de ciclo de vida, se pueden llegar a reducir los costes a la vez que los impactos ambientales.



Cepillo y pasta de dientes referentes al ACV realizado para la empresa líder en higiene bucodental Dentaid.



Transparencia y comunicación veraz


En Dinamarca, como país puntero en legislación ambiental y contra el greenwashing, ha entrado en vigor una normativa que prohíbe cualquier declaración de sostenibilidad de un producto que no esté soportada por un estudio de ACV validado. Es decir, ya no vale con decir que eres ecológico, hay que demostrarlo. En la guía publicada a principios de año se describe como todas las empresas deberán documentar cualquier eslogan publicitario sobre la sostenibilidad de su producto con la información ambiental elaborada por expertos independientes y que además sea accesible fácilmente al público general. Puede parecer un gran avance, pero únicamente están poniendo en la práctica lo que dicta la Directiva Europea sobre prácticas comerciales desleales y publicidad engañosa.



Downlight Kombic de la empresa Lamp. En OiKo Design Office hemos realizado en el análisis de ciclo de vida necesario para la realización de la Declaración Ambiental de Producto según la ISO 14025.



En el camino hacia la sostenibilidad del consumo, fomentar la transparencia de los fabricantes y la accesibilidad a información veraz para los consumidores es imprescindible. En esta línea, la UE está discutiendo la implementación de un etiquetado en semáforo del estilo del nutriscore sobre los aspectos ambientales de los productos en el que se evalúen emisiones de CO₂, afectaciones al ecosistema y uso de recursos. De esta manera se podrá, de una manera leal, informar al consumidor para fundamental sus decisiones de compra y de esa manera estimular a las empresas a mejorar su competitividad ecológica.







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